
Inicialmente conviene distinguir entre agresividad y violencia. La agresividad es cosustancial al ser humano y remite a impulsos defensivos a fin de salvaguardar la integridad de uno mismo. En cambio la violencia es una actitud o comportamiento que constituye una violación o un arrebato al ser humano de algo que le es esencial como persona.
Aunque se acepta que la agresividad no tiene por qué derivar en violencia, no debemos obviar que para ello, las emociones que se generan en la agresividad, como la ira o la rabia deben ser autocontroladas, reguladas, es decir gestionadas. En consecuencia la ira, experimentada de forma frecuente e intensa por una persona impulsiva, puede ser altamente peligrosa ya que en numerosas ocasiones se encuentrará en riesgo de sufrir un secuestro amigdalar o emocional.
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