Las diversas formas de violencia que se desarrollan en la sociedad, tienen actores, formas, móviles variados y multicasuales. De esa manera, se presentan violencias que pueden ser catalogadas de la siguiente forma:
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Violencias políticas: están asociadas a regímenes autoritarios, democracias deficitarias y excluyentes o segmentos de la sociedad, que no han podido concretar sus demandas frente al Estado nacional.
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Violencias económicas: surgen de los mercados ilegales, donde se trafica y comercia todo tipo de productos, armas, drogas, vehículos, bienes, electrónica, sexo, etc.
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Violencias intrafamiliares: en este tipo de violencias, existe una fuerte relación entre condiciones económicas mínimas de sobrevivencia y el factor cultural expresado básicamente en las conductas “machistas” y “prepotentes”. La mujer y los niños, son las principales víctimas de este tipo de violencias intrafamiliares.
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Violencias sociales: también llamadas comunes o internalizadas, este tipo de violencias, aunque son menos sustentadas en la fuerza y la coerción, representan actos constantes que vulneran a las instituciones y su gestión dentro de la sociedad. Por ejemplo: la corrupción en distintos grados, el acoso sexual, la segregación racial, la discriminación y el racismo son un tipo de violencias.
Todos estos tipos de violencias, presentan diversos grados de interacción en distintos ámbitos de la vida social, ya que no son aislados. Por eso, se han empezado a diseñar unas políticas públicas para lograr mejores niveles de convivencia ciudadana y de respeto por los derechos humanos.
¿Cómo es por lo general una familia en la que exista violencia?
Es una familia que tiene una estructura muy rígida, verticalista, autoritaria, que discrimina entre varones y entre mujeres, con roles estereotipados, intolerante y castigadora, en la que se cree que se debe obedecer ciegamente y en la que se castiga o maltrata, creyendo que eso, constituye un estímulo para la superación personal.
Las decisiones son unilaterales, no hay diálogo, e impera el temor y la sensación de culpa en quienes reciben el maltrato.
No hace falta que haya golpes físicos para que se consideren cuadros muy graves que afecten las defensas psicofísicas, produzcan enfermedades, depresión y deseos de morirse en las víctimas. El maltrato crónico, disminuye la expectativa de vida en las personas. Por eso, es recomendable ponerle fin a tiempo.
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